Coco Aventura es un club de playa con cabañas, y su operación son muchas cosas al mismo tiempo: huéspedes que se quedan a dormir, visitantes que entran nada más por el día, una tiendita, renta de camastros y sombrillas, y una caja que tiene que cuadrar al final del turno. Todo eso vivía en libretas y hojas de cálculo.
El corazón del sistema es el calendario: una parrilla donde cada renglón es una cabaña y cada columna un día. De un vistazo se ve quién llega, quién se va y qué queda libre, con el color diciendo si la reservación está liquidada, con depósito o sin depósito. Al dar de alta una estancia el sistema busca la tarifa vigente para esas fechas y ese tipo de cabaña, y no deja empalmar dos huéspedes en la misma cabaña.
Los visitantes de día se registran en el cover, que valida que el precio sea exactamente el de la tarifa del día para que nadie cobre de más ni de menos. Los brazaletes llevan su propio libro: entran a bodega, se traspasan a la tiendita, se reparten a recepción y se van descontando conforme se entregan, de modo que el saldo de cada color siempre cuadra.
Las ventas salen por dos cajas — el punto de venta y la tiendita — descontando inventario en el momento. Y al cerrar el turno, el corte junta reservaciones, covers, rentas y ventas del día para conciliar el efectivo, la tarjeta y las transferencias contra lo que efectivamente hay.
Todo el acceso está por roles: recepción, tiendita y gerencia entran cada quien a lo suyo, con permisos por módulo de ver, crear, editar y borrar.