NONSTOP es un gimnasio que abre 24 horas y tiene casi tres mil socios. Un instructor puede atender a uno a la vez, y las dudas no llegan en horario de oficina: llegan a las seis de la mañana y a las once de la noche. NS Coach es el entrenador que sí está disponible siempre, y vive donde el socio ya está — en WhatsApp.
Lo primero que hace es saber con quién habla: toma el número, lo busca en ProGym —el sistema administrativo del gimnasio— y confirma que la membresía esté vigente. Si el socio es nuevo, arranca una entrevista de nueve preguntas: edad, tiempo entrenando, condiciones médicas, lesiones que cuidar, objetivo, cuánto tiempo tiene por sesión y qué días puede venir. Con eso genera un plan semanal y, cada día que el socio llega, le manda la rutina que le toca: ejercicio por ejercicio, con series, repeticiones, descanso, peso inicial sugerido y la foto del aparato para que sepa cuál es.
De ahí en adelante conversa. Si la máquina está ocupada, propone el sustituto que trabaja el mismo músculo. Si algo duele, ajusta. Si el socio no entiende un ejercicio, se lo explica paso a paso y le advierte los errores comunes. Cuando termina y escribe «ya terminé», marca la rutina como completada y lleva la cuenta de la semana. A quien lleva dos días sin aparecerse, le manda un mensaje de motivación por la mañana.
La conversación no está escrita a mano en el código: es un flujo de trece nodos que se edita en pantalla. Cada nodo —validar socio, entrevista, rutina del día, foto del ejercicio, pasar a un asesor— está atado a un handler del backend, y el texto, el tono y las reglas de estilo se cambian sin tocar el código. El flujo se versiona y se publica cuando queda listo.
El CRM es el otro lado del teléfono. Ahí el gimnasio lee cada conversación, ve el padrón sincronizado desde ProGym, revisa los planes semanales que generó la IA y administra el catálogo del que la IA se alimenta: 26 aparatos con nombre en cristiano y su foto, más de mil ejercicios con instrucciones y errores frecuentes, y las rutinas base. Ese catálogo es lo que evita que el bot invente: sólo puede recomendar lo que el gimnasio realmente tiene.
Y cuando la pregunta ya no es de entrenamiento —cambiar de plan, un cargo, un horario— el bot no improvisa: pasa la conversación a recepción y lo avisa.